Cortar piezas, centrar espejos y nivelar el equipo es parte del trabajo que Joana Paz García ha realizado para armar un telescopio. Ella es parte de la segunda etapa de programa «Del aula al Universo: un telescopio para cada escuela», que impulsan la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla, el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica (INAOE) y la empresa Victorinox.
La joven originaria de San Baltazar Tetela se inscribió en el citado programa por parte del Centro Universitario de Participación Social (CUPS) y en tres sesiones su equipo, conformado por estudiantes de las preparatorias Enrique Cabrera Barroso y Alfonso Calderón Moreno, ha realizado la mayor parte de la estructura del telescopio, además de recibir asesorías astronómicas por parte de especialistas de la BUAP.
Paz García confesó que las largas jornadas de construcción no han sido fáciles, pero transcurren con mucho entusiasmo y dedicación. Acude los viernes por la tarde a las instalaciones de la Facultad de Ciencias Físico Matemáticas de la BUAP, en Ciudad Universitaria, para las sesiones teóricas y los sábados por la mañana a fabricar el telescopio.
«Es muy bonito; por ejemplo hace ocho días que observamos las estrellas fue algo impresionante, ya que muchas veces se ven como algo cotidiano, pero verlo con más tecnología es asombroso».
Joana comentó que una vez finalizada la construcción del telescopio, ella y sus compañeros llevarán el equipo a las campañas de alfabetización del CUPS a diferentes comunidades, donde impartirán talleres para ver los astros.
La estudiante de la preparatoria universitaria Enrique Cabrera Barroso, proviene de una familia humilde, sus padres son comerciantes, venden pescado en diferentes plazas y mercados como Atlixco, Tepeaca y Matamoros.
Su preocupación por los demás la llevó a participar, desde hace dos años, en las campañas de alfabetización que realiza el CUPS al interior del estado. Cuando estaba en el primer año de preparatoria se enteró del programa y decidió participar. En un principio su mamá se opuso, argumentando que estaría sola y lejos sin la protección de su familia, pero después comprendió su labor social.
Al llegar el verano, pasó nueve semanas enseñando a leer y escribir a jóvenes y adultos en las zonas más necesitadas, por ejemplo los municipios de Cuetzalan y Aquixtla.
Durante las campañas durmió en las escuelas de las comunidades, preparó su comida y realizó otras labores domésticas. Acudió sin paga alguna y durante este tiempo, sólo visitó a su familia un fin de semana.
«Ha sido una experiencia muy bonita, conocer otros lugares, salir de lo común y valorar lo que tenemos, ya que en las comunidades donde hemos ido les faltan muchos recursos como agua y luz», recordó.
Ahora su familia, sobre todo sus padres, se sienten orgullosos de su crecimiento académico y personal, puesto que su papá sólo estudió la secundaria y su mamá la primaria.
Sus dos hermanas menores, de 12 y 10 años de edad, la admiran, «les gusta que les cuente anécdotas que tengo con las señoras, cuando me invitan a sus casas, las vivencias que tenemos. Incluso mi hermana más pequeña quiere estudiar la preparatoria en la BUAP e integrarse a este proyecto (el CUPS)».
El próximo 22 de octubre Joana cumplirá apenas 17 años, pero es ya una joven con muchas aspiraciones, tiene un promedio de 9.2 el cual piensa mejorar para poder estudiar Derecho o Mercadotecnia y sus planes a futuro son trabajar, ejercer una carrera «y quizá en algún tiempo especializarme en algo, tener un doctorado; así como agradecer económicamente a mis papás».






