jueves , abril 15 2021

Huitzilan, el camino del horror al progreso

Rosa María Dávila Partida.-

Entender lo que sucedió en Huitzilan de Serdán en los años ochenta del siglo pasado no es sencillo. Es un municipio enclavado en la Sierra Norte de Puebla al que sólo se podía entrar a lomo de bestia hasta 1984. Otra característica que llama la atención es que los indígenas vivieron del cultivo de sus tierras, practicando una agricultura de auto subsistencia, hasta inicios del siglo XX. El  antropólogo canadiense James  Mounsey Taggart, que vivió en Huitzilan de 1968 a 1978, escribió: “en los últimos 70 años los indígenas de la cabecera municipal y de los barrios de Xinachapan y San Miguel del Progreso han entregado el 80 por ciento de sus tierras a los mestizos que constituyen alrededor del 10 por ciento de la población” (Mounsey Taggart, James, Estructura de los grupos domésticos de una comunidad náhuatl de Puebla, México, SEP-INI, 1975, pag. 28).

            Lo que sucedió en Huitzilan fue que los indígenas despojados de sus tierras, cansados de los abusos y atropellos de los mestizos, intentaron recuperar sus solares, para ello siguieron las directrices de la Unión Campesina Independiente (UCI), pero fracasaron en su intento. No recuperaron las tierras y cayeron en un infierno peor, pues los que llegaron como salvadores suyos, terminaron asesinando a cerca de 150 indígenas y convertidos en pistoleros al servicio de los caciques del municipio y la región.

            Algunos datos nos permiten acercarnos al terror que padecieron. A raíz de que la UCI asesinó a Abelardo Bonilla, director de la Telesecundaria, el 22 de enero de 1982, la SEP cerró la telesecundaria Martha Molina Sosa, la primaria Niños Héroes y el preescolar. Igual suerte corrió el centro de salud, todos los empleados huyeron para salvar sus vidas. No había policía municipal ni funcionaba la presidencia una vez que el presidente también cayó abatido. Un grupo de cooperativistas que intentó abrir una brecha para que entrara un camión de la CONASUPO a surtirles de mercancías también fue desintegrado, Bartolomé Tadeo Arellano, el presidente de la cooperativa fue alcanzado por las balas asesinas. Fue tal el terror que aproximadamente la mitad de la población se asiló en los municipios cercanos, pues en Huitzilan no se podía vivir.

            En este contexto un grupo de ciudadanos sale a pedir ayuda para detener la masacre. Recorren un verdadero viacrucis solicitando la intervención de la Secretaría de Gobernación del estado de Puebla, del PRI, de la Zona militar, de la presidencia de la República. Semanas y semanas de tocar puertas y nada. Nadie se interesó por su problema, y los indígenas seguían muriendo. Hasta que visitan Tecomatlán y obtienen el apoyo de Antorcha Campesina, el Ing. Aquiles Córdova Morán, les recomendó que encaminaran sus pasos a reestablecer la legalidad como primer paso imprescindible. Así fue como se organizaron, presentaron una planilla para las elecciones de presidente municipal, arreglaron que se establecieran urnas en Zacapoaxtla para que pudieran votar todos los huitziltecos que se refugiados en los municipios cercanos y ganaron las elecciones. Con las autoridades legítimamente constituidas, pudieron regresar a Huitzilan en 1984.

La vuelta a la legalidad no fue fácil, los pistoleros abandonaron la cabecera del municipio ante la llegada de la fuerza pública y el restablecimiento de la policial municipal, y se replegaron a los cerros cercanos, desde los cuales apuntaban con sus armas largas a todo el que se movía. Para reabrir las  escuelas los nuevos docentes de filiación antorchista, un ramillete de jóvenes valerosos, viajaban todos los días desde Zacapoaxtla y realizaban sus actividades literalmente bajo las balas de la UCI. El atrevimiento de los docentes le costó la vida al profesor Fulgencio Sánchez Martínez quien fue alcanzado por las balas asesinas de la UCI. Los mártires siguieron cayendo. El camino de terracería para comunicar la cabecera municipal con la carretera interserrana en el punto conocido como El Paraíso se pudo abrir años después.  Pero ni el peligro ni la muerte detuvieron las ansias de progreso y de bienestar de los indígenas huitziltecos, decididos a escalar el progreso al precio que fuera.

Conscientes de la importancia de la educación de los indígenas, los ayuntamientos antorchistas pusieron especial atención en este renglón, en 1998 consiguen la transformación de la telesecundaria en una secundaria con instalaciones, personal y equipos, la Técnica No. 100, que rápidamente atrajo a cientos de jóvenes. Posteriormente se fundó el primer bachillerato y finalmente una escuela Normal Superior. Pero no solo se atendió la educación de niños y jóvenes. También se efectuó una gran cruzada para alfabetizar a los adultos  e impulsarlos para ingresar a las aulas. Los frutos se vieron rápidamente, decenas de jóvenes salieron a realizar estudios profesionales a la ciudad de Puebla y hasta la capital del país. Uno de los más exitosos fue el joven abogado Manuel Hernández Pasión quien llegó a ser presidente municipal de Huitzilan y se estaba perfilando como líder de la región, por la forma enérgica y decidida en que impulsó su progreso en todas las áreas y era un magnífico orador en náhuatl. Los caciques que tienen su centro de operaciones en Zacapoaxtla lo mandaron matar el 10 de octubre de 2017. Este último asesinato demuestra que la lucha sigue, que son muchos y muy fuertes los intereses que se oponen a que los indígenas  progresen.

Así, con grandes esfuerzos, arrostrando todos los peligros y entregando su cuota de sangre, el pueblo huitzilteco sigue su marcha imparable para conquistar mayores niveles de bienestar. Construye su futuro aplicando el modelo educativo de Antorcha Magisterial, formando hombres nuevos en una cadena educativa que consta de 52 escuelas: en el nivel preescolar tiene 19 planteles, 21 primarias, las secundarias son 4 y 3 extensiones de la Técnica No. 100, los bachilleratos son 4 y la escuela Normal Superior.

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