Guerra, xenofobia, racismo, luchas personales y el impacto de la historia en la vida de los individuos, es lo que Diana Cardozo plantea en su más reciente filme, La guerra de Manuela Jankovic (México, 2014). El largometraje llega a las pantallas de la Cineteca Nacional el próximo miércoles 3 de diciembre, en una función especial que contará con la presencia de la directora.
La película narra la vida de Manuela (Karina Gidi), una cocinera joven nacida en México y cuya vida está atravesada por la guerra y una historia familiar trágica marcada por la muerte. La protagonista padece y sufre la angustia y desesperación de su único pariente vivo, su abuela Lazla (Mima Vukovic Kuric), quien al enterarse del estallido de la guerra en Los Balcanes, parece perder la razón a causa del miedo que sus recuerdos le provocan.
Estos dos personajes, a decir de la directora, surgen de la necesidad de contar una historia de guerra, pero partiendo de algo muy grande para llegar a algo muy pequeño, como es un individuo y su más íntimo sentir respecto a una situación que se adentra en sus emociones.
“Yo tuve una abuela que vivió la Segunda Guerra Mundial y sé que es un tema que permanece como un mal recuerdo en la cabeza de las personas para siempre, y que además se transmite de generación en generación”, reconoce la cineasta.
Diana Cardozo considera que la historia siempre nos atraviesa, nos conmueve y nos involucra, por ello todos sus trabajos hablan de grandes sucesos pueden afectar a las personas comunes y corrientes, en su vida y en su pensamiento.
A la también directora de filmes como 12 mujeres en pugna (2006) y Siete instantes (2004), le gusta conmover, mover fibras íntimas en el espectador y hacer películas que se le quedan metidas en la cabeza, mediante personajes que no se parezca a otros.
Por eso, más allá del conflicto bélico y sus efectos, el filme también plantea otras realidades, como el encuentro de culturas, la migración y el racismo, pues la protagonista también padece distintas formas de humillación y discriminación.
A Manuela se le humilla porque es serbia, pero también por ser mujer, cocinera, pobre e inocente, y aunque el daño de estas discriminaciones y burlas parecen mínimos, en realidad tienen un gran impacto psicológico en el personaje.
El filme tiene un contexto de tiempo y espacio, sin embargo, una de las principales intenciones de la directora es que éste resulte impreciso para el espectador, lo cual logra a través de la excelente fotografía de Ricardo Garfias y la ambientación.
“Una guerra puede ocurrir en cualquier parte del mundo, y éste es un cuentito corto, que igual puede suceder en Serbia, Montevideo o México. Por lo que restarle temporalidad y situación geográfica eran una condición importante del filme”, reconoce la realizadora.
En este material, los detalles son lo más importante, pues hablan de la condición de una mujer humilde y la sitúan en un entorno industrial sórdido, que puede ser el de cualquier parte del mundo. Pero como México es muy folclórico y lleno de colores, era muy importante desaturarlo y restarle identidad, para centrarnos en la historia y hacerla más universal.
Sin embargo, también resulta inevitable pensar que las condiciones de discriminación, machismo y violencia que vive el personaje principal es una realidad de México y de la mayoría de los países en la actualidad.
Respecto a la selección de los intérpretes, Diana Cardozo se dijo afortunada de haber conseguido la participación de Mima Vukovic Kuric, pues “cuando escribes un personaje de esta naturaleza, una inmigrante de 85 años, nunca piensas de dónde vas a sacar a tus actores, y no es algo fácil.
“Mima es un milagro porque además de que vivió una historia muy similar a la de la película, es una actriz que se retiró como protesta contra la guerra en la que mataron a su esposo. Y decidió regresar a la actuación gracias a esta película, simplemente porque parecía que yo había escrito su historia, aún sin conocerla”, y eso es una afortunada y grata coincidencia, concluyó la directora.











