El Centro Nacional de las Artes (Cenart) del Conaculta se une a los festejos por los 80 años de vida de Vicente Rojo con la exposición Encuentros: Papel, metal y barro, que a partir del 5 de septiembre albergará la Galería Juan Soriano de la Biblioteca de las Artes. Se trata de una muestra que reúne 25 gráficas, seis esculturas de bronce y cuatro cerámicas creadas entre 1994 y 2003.
Desde sus orígenes, gracias al mural de azulejos Escenario abierto, el Cenart se encuentra ligado a este creador nacido en España y nacionalizado mexicano. Dicho mural, con una superficie de 220 metros cuadrados, recubre las paredes externas del Aula Magna José Vasconcelos con miles de mosaicos de colores azul marino, granate, rosa, lila, malva, verde y naranja. Aparece sin firma debido a que su creador quiso que fuera una obra de geometría impura del dominio público.
En palabras de Víctor Manuel González Esparza, director del Cenart, Vicente Rojo es uno de los creadores que más ha contribuido a democratizar la cultura visual contemporánea en el país. Se le ha identificado con la Generación de la Ruptura, sin embargo, como el propio Rojo ha comentado con mayor exactitud, en su caso se podría hablar de «una apertura, de una búsqueda de nuevos cauces expresivos, de otros lenguajes visuales», los cuales permitieron a los artistas visuales mexicanos transitar a partir de esa generación hacia nuevas y más plurales formas de entender el arte.
Vicente Rojo nació en 1932, en Barcelona, España, donde realizó estudios de escultura y cerámica. Llegó a México en 1949 huyendo de la Guerra Civil, una etapa de su vida de la que tiene los peores recuerdos. A la edad de siete años fue testigo de cómo los reflectores buscaban aviones en los combates nocturnos, y mientras él observaba a través de la ventana de su casa, trataba de capturar por medio de sus trazos infantiles un dibujo de esas imágenes, intensas para un niño.
«Yo tenía cuatro años cuando comenzó la Guerra Civil. Fueron tres años de guerra y luego 10 de posguerra hasta que llegué a México, en donde mi padre se había refugiado desde 1939. Llegué 10 años después, en 1949. Y bueno, qué recuerdos se pueden tener de una época tan dura, tan difícil, sobre todo porque mi padre estaba exiliado en México y mi madre se quedó en Barcelona con sus cuatro hijos y sus padres, mis abuelos ya mayores, y tuvimos que resistir esa continuación de la guerra. Siempre he pensado que la guerra terminó cuando murió Franco, porque pocos vencedores se han ensañado tanto con los vencidos, como él», recuerda el pintor, escultor, tipógrafo y diseñador gráfico.
Beatriz Vidal de Alba, directora de la Biblioteca de las Artes, señala que la luminosidad del paisaje mexicano marcó una profunda huella en Vicente Rojo, así como sus volcanes, códices y estelas que hasta hoy admira, procesa y expresa desde lo más hondo de su conciencia visual.
«En 1965 creó su primera serie pictórica llamada Señales, donde intentó recuperar las formas más elementales de la geometría. A propósito de esto, Vicente Rojo refiere con respecto a la abstracción que caracteriza su obra, que si bien su pintura no es figurativa, él se vale de las formas geométricas —triángulos, círculos, cuadrados— que existen más comúnmente en la realidad, para plasmar su visión», precisa Vidal de Alba.
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